¿Cuántas veces nos hemos sentido estúpidos tratando de interactuar con una máquina a través de cualquier interfaz de usuario? Por ejemplo, un cobrador automático de un parking. O una web de reservas. Y nos lo hemos sentido pese a que la culpa, en realidad, no era nuestra. Un buen diseño ahorrará memoria del usuario y le facilitará tal fluidez en la navegación y conversión de objetivos que le permitirá sentir como natural su relación con nuestro proyecto.

Y esa naturalidad no es fácil de conseguir. Pensemos que hablamos de la relación de una persona, con su mentalidad y sus circunstancias, y una máquina. Es algo tan complejo que ha dado para la rama científica que estudia la Human Computer Interaction.  Por otro lado, como todo cuando se trata de comportamiento humano, no valen atajos. Para llegar a un diseño que logre aquella naturalidad es necesario un trabajo previo que, según el tipo de proyecto, requerirá algunas de estas técnicas y/o metodologías previas:

  • Diseño de personas.
  • Storyboard.
  • Mockups.
  • Tests de usuario y observación participante
  • Focus group
  • Prototipado y comparación de alternativas
  • Evaluación heurística

Se trata de adaptar los objetivos del proyecto a la forma natural de interactuar de las personas. Es la única forma de que funcione. Las ideas preconcebidas o las heredadas de rutinas muy asentadas en según que sectores, pero desfasadas, no ayudan en nada. Importa al mismo nivel qué quieres conseguir con tu proyecto (tu win) y lo qué quieren conseguir tus usuarios (su win).

Tras trabajar con las técnicas anteriores podemos tener clara la arquitectura de la web, su navegación, la conversión de objetivos y el prototipo de la mejor interfaz de usuario para encajar todo ello. Es la hora (ahora ya sí) del buen gusto estético y de cumplir con las normas de accesibilidad. Y de comenzar a pensar en los contenidos.

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